jueves, 1 de septiembre de 2011

Pieza del puzzle número 8

Necesito que llueva porque hoy mi alma viste de invierno.
Necesito sentir que encajo en este paisaje...






lunes, 22 de agosto de 2011

Pieza del puzzle número 7

A veces, aunque no lo queramos ver, lo que buscamos se halla mucho más cerca de lo que pensamos.



miércoles, 10 de agosto de 2011

Pieza del puzzle número 6


Todo gira, sin control; papeles, contenedores, señales de tráfico, coches y hasta algún tejado. Se mueven en círculos, sin opción alguna de dominar sus trayectorias, indefensos y completamente incapacitados.

Allí estoy yo, en el ojo del huracán, contemplando como todo lo que me rodea se mueve  sin control… Aparentemente en calma, pero no me puedo esconder, ya no. En cualquier momento él tropezará conmigo y me envolverá con una asombrosa facilidad, sin tener nada a lo que aferrarme para evitarlo.

Busco soluciones, caminos por dónde salir, pero por más que lo intente, cualquier objeto podría golpearme al huir. Sería un suicidio… Allí aguardaré, inmóvil, en el centro del huracán, esperando que cese la tormenta o simplemente a que algo impacte sobre mí.



domingo, 7 de agosto de 2011

Pieza del puzzle número 5

Hay acciones que solo merecen la pena porque las podemos revivir tantas veces como queramos en la infinita pantalla de nuestra memoria

En mi opinión, existen cosas que hacemos desafiando a nuestros miedos, que no nos compensarían si no pudiesen ser recordadas. No valdría la pena tanto riesgo para sentirnos gratificados solamente una vez.

Gracias a los recuerdos, podemos llegar a saborear y a sentir con una exactitud semejante casi cualquier experiencia vivida, pudiendo ser empleada tanto como para disfrutarla de nuevo como para evitar tropezar dos veces con la misma piedra.



martes, 2 de agosto de 2011

Pieza del puzzle número 4

* Expectativa: esperanza de realizar o conseguir algo que a priori consideramos viable.

* Meta: Fin a que se dirigen las acciones o deseos de alguien.

* Decepción: pesar causado por un desengaño.


Expectativas… son las causantes de cualquier decepción, si no logramos algo en lo que no teníamos puestas ninguna expectativa no pasa nada, no nos venimos a bajo, no nos desilusionamos… todo sigue igual.

Sería imposible vivir sin expectativas, significaría que no tenemos metas ni ambiciones. Estaríamos esperando a que todo se termine, en lugar de vivirla. Pero ahora no quiero hablar de ese tipo de metas como pueden ser un ascenso, un trabajo, una calificación, valoración o meta deportiva.

Quiero hablar de las expectativas sobre las personas. En realidad en muchas relaciones no tenemos una meta, simplemente ya tenemos lo que buscábamos y ahora se trata de disfrutarlo y de continuar relacionándonos. A medida que la relación aumenta, confiamos más en esa persona e inevitablemente esperamos más de ella. 

Nunca nos imaginaríamos a nuestro mejor amigo mintiéndonos o haciéndonos daño conscientemente, si ocurriese entraríamos en una notable depresión y la relación se vería muy pero que muy debilitada. Sin embargo una acción similar pero que venga de una persona con menor relación, un conocido, un vecino, un compañero de clase… no nos afectaría ni una milésima parte, por el mero hecho de que no esperábamos la perfección de esa persona.


Cuanto mayor es la relación y el grado de complicidad, más difícil es de conservar y un mínimo error nos llevaría al caos. Muchas veces nos centramos más en personas nuevas que en las que tenemos afianzadas, llegando a descuidarlas y estoy seguro de que son a las que más atención debemos prestar, sin olvidarnos nunca de lo que significan para nosotros. Porque ya sabéis…
somos incapaces de valorar lo que tenemos hasta que lo perdemos.