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sábado, 8 de octubre de 2011

Pieza del puzzle número 9

Odio seguir a las masas, pensar como todos esperan que piense, actuar de acuerdo con lo previsible... Cada uno de nosotros somos personas diferentes, podemos ser más o menos afines, coincidir en un mayor porcentaje de pensamientos o no coincidir nada más que en lo básico.

La mayoría creen y dicen ser realmente diferentes, pero en la búsqueda de la felicidad hay demasiados que se dejan llevar por el mismo camino que los demás. En este terreno la imitación no sirve, que una persona encuentre la satisfacción por ejemplo siendo líder de un grupo no quiere decir que a ti te vaya a agradar, probablemente tu sitio esté en otro lugar, y solo te des cuenta cuando consigas ser ese líder. 

Cada uno debe encontrar su armonía, su situación óptima. Porque os aseguro que no es la misma para todos.

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Cierra los ojos, aléjate del entorno y piensa... ¿cómo crees que serías feliz? 




domingo, 7 de agosto de 2011

Pieza del puzzle número 5

Hay acciones que solo merecen la pena porque las podemos revivir tantas veces como queramos en la infinita pantalla de nuestra memoria

En mi opinión, existen cosas que hacemos desafiando a nuestros miedos, que no nos compensarían si no pudiesen ser recordadas. No valdría la pena tanto riesgo para sentirnos gratificados solamente una vez.

Gracias a los recuerdos, podemos llegar a saborear y a sentir con una exactitud semejante casi cualquier experiencia vivida, pudiendo ser empleada tanto como para disfrutarla de nuevo como para evitar tropezar dos veces con la misma piedra.



martes, 2 de agosto de 2011

Pieza del puzzle número 4

* Expectativa: esperanza de realizar o conseguir algo que a priori consideramos viable.

* Meta: Fin a que se dirigen las acciones o deseos de alguien.

* Decepción: pesar causado por un desengaño.


Expectativas… son las causantes de cualquier decepción, si no logramos algo en lo que no teníamos puestas ninguna expectativa no pasa nada, no nos venimos a bajo, no nos desilusionamos… todo sigue igual.

Sería imposible vivir sin expectativas, significaría que no tenemos metas ni ambiciones. Estaríamos esperando a que todo se termine, en lugar de vivirla. Pero ahora no quiero hablar de ese tipo de metas como pueden ser un ascenso, un trabajo, una calificación, valoración o meta deportiva.

Quiero hablar de las expectativas sobre las personas. En realidad en muchas relaciones no tenemos una meta, simplemente ya tenemos lo que buscábamos y ahora se trata de disfrutarlo y de continuar relacionándonos. A medida que la relación aumenta, confiamos más en esa persona e inevitablemente esperamos más de ella. 

Nunca nos imaginaríamos a nuestro mejor amigo mintiéndonos o haciéndonos daño conscientemente, si ocurriese entraríamos en una notable depresión y la relación se vería muy pero que muy debilitada. Sin embargo una acción similar pero que venga de una persona con menor relación, un conocido, un vecino, un compañero de clase… no nos afectaría ni una milésima parte, por el mero hecho de que no esperábamos la perfección de esa persona.


Cuanto mayor es la relación y el grado de complicidad, más difícil es de conservar y un mínimo error nos llevaría al caos. Muchas veces nos centramos más en personas nuevas que en las que tenemos afianzadas, llegando a descuidarlas y estoy seguro de que son a las que más atención debemos prestar, sin olvidarnos nunca de lo que significan para nosotros. Porque ya sabéis…
somos incapaces de valorar lo que tenemos hasta que lo perdemos. 






jueves, 28 de julio de 2011

Pieza del puzzle número 2

Seguro que en un montón de ocasiones nos hemos hecho la misma pregunta, ¿qué es la vida? Pues claro, las religiones intentan buscar una respuesta, basándose en creencias y en la fe. La ciencia hace lo propio basándose en la experiencia y en los hechos, buscando respuestas lógicas y demostrables… Parece imposible saber de dónde venimos, si hay vida más allá de la muerte, si existe un Dios…
                
Estoy seguro de que si supiéramos la respuesta nos tomaríamos el día a día de otro modo, me explico, si supiéramos pongamos por caso,  que después de morir hay otra vida, la viviríamos locamente. Carpe diem! Como si de un juego de videoconsola se tratase, si perecemos, pues hay más vidas! Nos preocuparía mucho menos el futuro lejano… los ahorros se extinguirían, las locuras crecerían potencialmente y puede que el mundo fuera un auténtico caos.
                
Si por la contra, estuviésemos 100% convencidos de que solo existe esta vida, la aprovecharíamos más, en cierto modo. Trataríamos de hacer todo lo posible en ella, de dejar huella, necesitaríamos seguridad financiera y salud, cuidaríamos nuestro estilo de vida… dietas, ausencia de los malos hábitos… Pero bajo mi modesta opinión, viviríamos con un miedo constante. Miedo a no conseguir ser felices, a no encontrar nuestra alma gemela, a que no haya mañana y está historia ponga fin convirtiendo el camino en una agónica cuenta atrás.
                
Puesto que no sabemos con certeza que es lo que pasará cuando nuestro corazón deje de latir, unos se acercan más a la primera opción, otros a la segunda pero la clave, es buscar el equilibrio de acuerdo a nuestra postura.
                
Mi filosofía no es otra que ser feliz, pero todo esto es inviable si no encuentro mi equilibrio. Quiero disfrutar, quiero vivir muchas cosas, quiero viajar! Pero necesito un futuro… necesito estabilidad, y sobretodo saber que podré seguir siendo feliz…
                
Me acerco a la primera postura en muchos aspectos, reflexiono sobre lo que he vivido, lo que sería mi vida sin preocupaciones, sin obligaciones. Y creo que continuamente estamos luchando por un futuro que lo único que consigue es alejarnos de la felicidad en el presente.

Tan solo consigo llegar a una conclusión, la felicidad absoluta es imposible que perdure, o la perdemos en el presente o nos quedamos sin tenerla en el futuro. Por ello, trabaja, estudia y lábrate un futuro, pero nunca olvides disfrutarlo cada día y así saborear el presente.