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domingo, 12 de febrero de 2012

Pieza del puzzle número 12

Que mala suerte hemos tenido las personas profundas en esta vida; cuanto más crecemos como personas, cuanto más definida está nuestra identidad, es cuando más problemas tenemos para encontrar individuos afines.

Puede que seamos demasiado exigentes, más aún cuando ya has conocido a alguien que responde a tus expectativas.

No queremos la perfección, somos conscientes de que no existe, simplemente buscamos que posea ciertas cualidades que consideramos esenciales y que al mismo tiempo podamos aceptar sus defectos o carencias. ¡Pero es algo tan complejo…!

En esta sociedad hay demasiada superficialidad, propia o fingida, y esta última muchas veces es un gran problema. Hablo de los comúnmente llamados “caparazones”. Esos artilugios de defensa que cubren la verdadera personalidad propia haciéndola inaccesible para los demás.

La probabilidad de que dos almas encaparazonadas se conozcan es ínfima, y realmente es catastrófico.
Lógicamente no vamos a desactivarlo ante cualquier persona, pero cuando lo hacemos hay una pregunta que me planteo una y otra vez…

¿Realmente nos estamos mostrando cómo somos?