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domingo, 12 de febrero de 2012

Pieza del puzzle número 12

Que mala suerte hemos tenido las personas profundas en esta vida; cuanto más crecemos como personas, cuanto más definida está nuestra identidad, es cuando más problemas tenemos para encontrar individuos afines.

Puede que seamos demasiado exigentes, más aún cuando ya has conocido a alguien que responde a tus expectativas.

No queremos la perfección, somos conscientes de que no existe, simplemente buscamos que posea ciertas cualidades que consideramos esenciales y que al mismo tiempo podamos aceptar sus defectos o carencias. ¡Pero es algo tan complejo…!

En esta sociedad hay demasiada superficialidad, propia o fingida, y esta última muchas veces es un gran problema. Hablo de los comúnmente llamados “caparazones”. Esos artilugios de defensa que cubren la verdadera personalidad propia haciéndola inaccesible para los demás.

La probabilidad de que dos almas encaparazonadas se conozcan es ínfima, y realmente es catastrófico.
Lógicamente no vamos a desactivarlo ante cualquier persona, pero cuando lo hacemos hay una pregunta que me planteo una y otra vez…

¿Realmente nos estamos mostrando cómo somos?







sábado, 8 de octubre de 2011

Pieza del puzzle número 9

Odio seguir a las masas, pensar como todos esperan que piense, actuar de acuerdo con lo previsible... Cada uno de nosotros somos personas diferentes, podemos ser más o menos afines, coincidir en un mayor porcentaje de pensamientos o no coincidir nada más que en lo básico.

La mayoría creen y dicen ser realmente diferentes, pero en la búsqueda de la felicidad hay demasiados que se dejan llevar por el mismo camino que los demás. En este terreno la imitación no sirve, que una persona encuentre la satisfacción por ejemplo siendo líder de un grupo no quiere decir que a ti te vaya a agradar, probablemente tu sitio esté en otro lugar, y solo te des cuenta cuando consigas ser ese líder. 

Cada uno debe encontrar su armonía, su situación óptima. Porque os aseguro que no es la misma para todos.

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Cierra los ojos, aléjate del entorno y piensa... ¿cómo crees que serías feliz? 




martes, 26 de julio de 2011

Pieza del puzzle número 1

Bueno, es el momento de enfrentarse al temido folio en blanco, os voy a mostrar la primera pieza del puzzle,  y aun no sé muy bien de que os voy a hablar. No es porque no tenga nada preparado, de hecho tengo varias terminadas pero… Es la primera pieza, debería hablar de algo especial, así que me lo voy a tomar al pie de la letra.

Siempre digo que hay dos tipos de palabras, las que tienen una definición sólida y hasta cierto punto innegable, y las que varían para cada individuo. Nadie va a poner en duda que una silla es un asiento con respaldo por lo general de cuatro patas que sirve para sentarse. Pero habrá mucha gente que discuta acerca del significado de la felicidad, de la vida, de la moral, de la tristeza, de la lógica… Son palabras que todos usamos pero cada uno tiene una imagen de ellas.

Sobre este tipo de palabras son sobre las que quiero hablar durante el transcurso del blog, no para daros una definición correcta, puesto que están expuestas a la subjetividad, si no para daros mi opinión sobre ellas, para divagar sobre sus significados.

Creo que a la palabra “especial” le pasa algo parecido. Ser especial significa alejarse de lo común, ser diferente, particular. Cuando pienso en ello me surge un problema que no se haya en la palabra en cuestión, si no en una que aparece en la definición. La palabra común, si hablamos de personas, ¿Qué es una persona común? ¿Alguien se puede considerar normal? ¿Cómo tiene que ser una persona para ser especial, para sentirse diferente?

Creo que la solución a este paradigma está en la sociedad, en los grupos, en el entorno. Es muy improbable que dos individuos tengan la misma personalidad, los mismos valores, los mismos parámetros que determinan si algo está bien o está mal; pero más difícil es si ambos individuos no pertenecen al mismo grupo.

Desde que nacemos estamos condicionados por nuestro entorno, todo es relativo, cada cultura, cada religión, cada etnia, cada familia tienes sus propios valores, que en muchas ocasiones se alejan una barbaridad. 

Encontramos claros ejemplos en la opinión que las religiones tienen de la moralidad o de la sexualidad. La poligamia se practicó desde los inicios del Hinduismo mientras que el Catolicismo la condena en su catecismo. ¿Son los hindúes o los católicos especiales? ¿Qué es lo normal?

Pues simplemente tienen diferentes puntos de vista, al igual que las personas. Cada uno de nosotros tiene un punto de vista diferente, que se aproxima al de más gente, según éstos, nos agrupamos con gente que tenga unos ideales semejantes y encontramos la aceptación de un grupo. Dentro de ese grupo las personas que se alejen de sus valores comunes serán consideradas diferentes o raras. Pero en otros grupos encajarían a la perfección.

Con esto quiero decir que en las personas no hay nadie “especial” ni “común”, que en la definición de persona, ya está incluido el que no hay dos iguales. Habrá individuos que acerquen más sus puntos de vista y otros que menos, pero nadie tiene los mismos. Así que todos y cada uno de nosotros podemos decir que somos especiales.